sábado, 7 de noviembre de 2009

De punto y para arriba


La necesidad tiene cara de puntinazo. No hay pudor en cada rechazo de Central, tampoco en el técnico y sus cambios. No hay juicio de valor, tampoco: Central eligió un camino para defender el empate en inferioridad numérica. Se refugió en su campo y buscó, con pelotazos, a Castillejo primero y De León después, esperando el milagro. Pero el milagro (el del triunfo) no llegó. Y Argentinos, el que había hecho todo por ganar, terminó incompleto, frustrado. Borghi entregó un mensaje desde sus modificaciones, el de la búsqueda por afuera, el del acoso constante con cuatro delanteros, pero sus intérpretes desperdiciaron buena parte del segundo tiempo intentando meter en el arco a su rival a puro vértigo. Claro: fue al pensar en cómo atacar cuando generaron las jugadas más transparentes, las que pusieron la firma del equipo en la ficticia balanza de los merecimientos. Un derechazo cruzado de Hauche que se fue cerca del palo derecho. Un remate de Prósperi en la unión del poste y el travesaño. Un remate de Hauche en el palo. Una defectuosa definición de Facundo Coria que Broun desvió con su pierna izquierda. Un zurdazo de Oberman que se extinguió en Broun. Un frentazo de Pavlovich en el palo y el posterior rebote que Hauche no llegó a conectar. Argentinos, queda demostrado, tuvo muchas situaciones, sobre todo después de la justa expulsión de Valentini, por doble amarilla, a los 26 minutos del primer tiempo. La reorganización de Cuffaro Russo fue claramente defensiva: 4-4-1 y a ver qué onda... Está claro que si Argentinos no logró vulnerar por segunda vez a Central, más allá de la (buena o mala) suerte, fue por errores propios. No es casual, tampoco, que a los rosarinos no les hayan convertido más de un gol por partido. Esta vez, la defensa del arco de Broun no ofreció dobles lecturas: de punta y para arriba.

0 comentarios:

Publicar un comentario