miércoles, 27 de enero de 2010

Con una fe Santa


Primero, dicen, hay que saber sufrir. Después... Ganar y partir, hacia Santiago de Chile, en busca del sueño. ¿Del milagro? Tal vez. Porque no por nada el festejo de Colón, anoche, en el Cementerio, fue acotado, escueto, breve, sin tanto alboroto. El 3-2 final es un premio, apenas, a la búsqueda y al oportunismo. Pero lo deja complicado: tendrá que volverse de Chile con un empate o una victoria para pasar a la fase de grupos, o convertir al menos dos goles y caer por diferencia de uno para llegar a los penales. Lo que no es fácil. Es extraño este final de juego cuando todo empezó feliz para el equipo de Mohamed. Todavía se acomodaban cuando Nieto desvió un remate que iba al arco y puso el 1-0, a los 4'. Parecía, entonces, que Colón iba a tener espacios, juego, tranquilidad. Sin embargo, todo eso -espacios, juego y tranquilidad- le duró sólo un cuarto de hora. Damián Díaz, ex Central, comenzó a tener la pelota y la manija, a hacer jugar a sus compañeros, especialmente a Valenzuela y Toloza por los costados. Y el Turco metió mano: ordenó dejar el 3-4-1-2, mandó a Rivarola al fondo y a Bertoglio de 8 para armar el 4-4-2 que le permitiera cerrar espacios y recuperar la pelota. Pero no le salió. El tándem Díaz-Mirosevic se aprovechó de un flojo primer tiempo de Capurro y el orden local no apareció. Cedió la pelota y el terreno y la Católica sacó provecho, incluso, para llegar con lujos: dos tacos (Toloza y Díaz) en la jugada del gol de Morales, que cabeceó entrando solo por la derecha. Colón no se despertó, llegó una vez por una jugada individual de Fuertes que Moreno y Fabianesi definió al cielo, y en cambio sufrió por su izquierda: Morales reventó el travesaño y Valenzuela mandó un centro que Toloza empujó por la otra banda, pero para el lado de afuera. Colón supo cambiar, a medias, en el segundo tiempo. El ingreso de Lucero le dio aire y llegada por la izquierda, y Capurro pudo -por fin- encontrar su lugar en el medio. Pero no fue por juego asociado que volvió a sacar diferencias, sino por una jugada de pelota parada (córner, la bajó Coudet, remató Garcé y Fuertes la empujó tras el despeje corto del arquero) y por una individual de Bertoglio que definió con clase, desde afuera, al primer palo. El 3-1 era ideal para viajar con mayor tranquilidad a Santiago, a pesar de la intranquilidad que generaba lo propio, lo escaso que se había mostrado. El 2-3, otra vez de Morales, volvió a poner las cosas en un punto gris. La Católica, que ya no lastimaba tanto ni manejaba la pelota, complicaba con uno o dos toques. Y convertía. Lo que no pudo hacer Colón sobre el final, con una agónica chilena de Rivarola. Ya sufrió Colón. Ya ganó. Ahora deberá mostrar más para no volverse sin nada de Chile. Tiene algo a favor: una fe Santa...

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