Conocí personalmente a Antonio de Nigris en el año 2001, cuando llegó por vez primera a la Selección Mexicana.
Hacía muchos goles con el Monterrey; el Tri no pasaba el mejor de sus momentos en la cancha ni fuera de ella y para variar, como fue a lo largo de su carrera, inició su etapa en este equipo anotando, aquel golazo contra Brasil en el Estadio Jalisco.
Inolvidable aquel gol, del que no pudo dar su opinión, pues existía un distanciamiento entre los seleccionados y los medios de comunicación, que afortunadamente terminó muy pronto.
Me llamó mucho la atención lo rápido que se adaptó al grupo. Parecía que llevaba años con la camiseta verde, pues de inmediato se hizo de los más importantes y líderes de la Selección Mexicana que tendría un momento estelar con aquel subcampeonato en la Copa América de Colombia 2001, ya con Javier Aguirre al timón.
"Toma confianza de inmediato", "se adapta muy pronto a todo", se decía del llamado 'Tano'.
Recuerdo el vuelo de regreso de Bogotá. En medio de la tristeza por la Final perdida, viajando en asientos contiguos, platicamos durante horas, temas comunes entre dos jóvenes de edades relativamente similares y con algunas circunstancias de vida igualmente parecidas.
A partir de ahí, aprendí a respetar a un futbolista, a quien la suerte de la consolidación le fue varias veces esquiva, pero que no dejó de buscar su lugar dentro del futbol, aún en las partes más recónditas del planeta.
Hoy recuerdo a mi querido 'Tano' en medio de una gran tristeza. Hay ocasiones en que la vida te parece demasiado injusta.
¿Por qué un deportista joven, padre de familia, hombre de bien, nos tiene que abandonar tan pronto?
Son respuestas que sólo las tiene Dios. A él le corresponde abrirle las puertas de su casa y dar consuelo a toda una familia, a quienes enviamos nuestro abrazo y bendiciones.
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