Escuchar la noticia del fallecimiento de Toño de Nigris fue un verdadero "shock" para mí. El estómago se me revolvió y me costó muchísimo trabajo poder conciliar el sueño.
Me vinieron a la cabeza muchos momentos que pasé con Toño en la Selección Mexicana, principalmente en esa Copa América, en Colombia 2001.
Era un "niñote", muy sano y siempre súper competitivo. Cuando terminábamos de entrenar siempre quería quedarse a hacer remates de volea o de cabeza, pero siempre apostando algo, muy alegre y súper profesional.
Muchos podrán cuestionar su calidad, pero yo siempre querría a un jugador como Toño en mi equipo, siendo el primero en sacrificarse en la recuperación de la pelota y nunca dando un balón por perdido, matándose siempre en la cancha.
Es una tristeza que Antonio no haya podido regresar a jugar al futbol mexicano, pero Dios tenía otros planes para él. Sus ganas de sobresalir y su alegría nunca la voy a olvidar.
Recuerdo cuando vino al Puebla hace algunos años y lo acompañé a buscar casa para instalarse en la Angelópolis, recién había nacido su hija y tenía una ilusión de triunfo impresionante.
La verdad me duele que un gran profesional, pero principalmente una gran persona, se nos haya adelantado siendo tan joven.
Mis más sinceras condolencias para su esposa e hija, sus padres y sus hermanos Poncho y Aldo, que sabiendo lo unidos que eran, esto va a ser un golpe muy duro. Espero que lo superen lo más pronto posible y que Dios les de fortaleza.
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