miércoles, 18 de noviembre de 2009

¡Hasta pronto Toño!


En términos mundanos y cotidianos, la muerte siempre será motivo de tristeza, más aún cuando llega de manera sorpresiva y peor cuando se lleva de encuentro a una persona joven a la que todavía le faltaban muchos sueños por alcanzar.
Conocí a Antonio De Nigris desde que inició su carrera con el Monterrey y seguí su trabajo muy de cerca, incluido el viaje que hicimos a España, cuando "El Tano" se integró al Villarreal de Benito Floro.
Fui testigo de la madurez personal y profesional que Toño adquirió a medida que su vida y su carrera le aportaban diariamente experiencias y vivencias que contribuyeron al crecimiento del ser humano integral.
El reto de desarrollarse en países con culturas tan diferentes a la nuestra y de iniciar una familia tan lejos de casa, le sirvieron mucho para aferrarse aún más a las metas que tenía muy claras en su vida.
Creo firmemente que el futbol mexicano queda en deuda con Toño, a quien por cuestiones de papeles, y sobre todo de dinero, se le negó la justicia deportiva que merecía de regresar a jugar a un club de este país.
Nunca entendí cuáles eran las razones tan poderosas para que Antonio no pudiese resolver el tema contractual, el cual se convirtió en un obstáculo definitivo para que volviera a su hogar y jugase en México.
La última vez que lo entrevisté, el 8 de junio pasado, me dijo que estaba muy contento, porque existían amplias posibilidades de arreglarse con Cruz Azul; sin embargo, al paso de las semanas, Toño se volvió a topar con la misma piedra y su destino siguió estando en Turquía y después en Grecia.
Su gran meta era regresar a la Selección Mexicana. Me confesó que en cada convocatoria esperaba con ansia la lista de elegidos para revisar si por fin se habían acordado de él y si alguien desde México estaba siguiendo de cerca sus logros en lejanos países.
Hoy la mayoría de esas cosas ya no importan. Yo me quedo con el Toño De Nigris que, con verdadera convicción de su capacidad profesional, nunca dobló los brazos e igual luchó por un sitio en Brasil, en Colombia, en Turquía o en Grecia.
Me quedo con el Toño De Nigris que salía a meter goles cada tarde y al que no le importaba si entendía el idioma en el que sus seguidores festejaban las hazañas que conseguía en el terreno de juego.
Hoy Toño está lejos, pero sin duda en un lugar mucho mejor que en el que nos encontramos nosotros. Creo que se debió ir satisfecho, porque en sus 31 años de vida aprovechó al máximo las virtudes que Dios le dio y supo hacer amigos. ¡Descanse en paz!

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